07/02/2026
La prevención no es una opción. Es una responsabilidad colectiva.
1985 marcó un parteaguas en la historia de nuestro país.
Un sismo que evidenció la vulnerabilidad de nuestras ciudades, pero también la capacidad de respuesta de una sociedad organizada.
En 2017, la historia volvió a repetirse y dejó una lección clara y dolorosa: la preparación seguía siendo insuficiente. Fallaron los procesos, la cultura preventiva, la capacitación y, en muchos casos, la respuesta institucional.
Hoy, la Ciudad de México es más compleja, más densa y con mayores niveles de riesgo. El crecimiento urbano, la concentración de personas y la interdependencia de los sistemas hacen que las consecuencias de un evento sísmico puedan ser cada vez más severas si no existe preparación previa.
Los simulacros no son un trámite ni un requisito administrativo. Son una herramienta fundamental para reducir el riesgo, entrenar la toma de decisiones bajo presión y fortalecer la capacidad de respuesta de la población.
El desconocimiento y la falta de capacitación continúan siendo uno de los principales factores de vulnerabilidad. Por el contrario, la información, la organización y la práctica constante permiten actuar con orden, reducir el pánico y salvar vidas.
No podemos evitar los sismos, pero sí podemos disminuir sus efectos. La prevención, la capacitación y la participación en simulacros son acciones que marcan la diferencia entre el caos y una evacuación segura.
Participar en un simulacro es un acto de memoria, de responsabilidad y de compromiso con la seguridad propia y colectiva.
La prevención es nuestra fuerza. Prepararnos hoy es proteger el mañana.