17/03/2026
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El comportamiento sísmico en la Ciudad de México está fuertemente condicionado por su historia geológica. Gran parte de la ciudad se encuentra sobre lo que fueron antiguos lagos, donde se depositaron arcillas lacustres muy blandas y altamente compresibles. Estas condiciones geotécnicas modifican de forma importante la forma en que las ondas sísmicas se propagan y se amplifican.
Al analizar un perfil geológico del Valle de México, se observa claramente el contraste entre las zonas de roca firme en las colinas (como las asociadas al Cerro del Tepeyac, el Peñón o el Cerro de la Estrella) y las zonas lacustres vinculadas a los antiguos lagos de Texcoco y Xochimilco-Tláhuac. Esta diferencia en las propiedades del suelo explica por qué un mismo sismo puede generar respuestas muy distintas dentro de la ciudad.
Desde el punto de vista geotécnico y sísmico, la ciudad suele dividirse en tres zonas principales:
Zona I – Loma
Corresponde a áreas con roca o suelos muy rígidos cercanos a superficie. En estas zonas los movimientos sísmicos suelen presentar periodos cortos y menor amplificación, lo que generalmente produce aceleraciones menores y de menor duración.
Zona II – Transición
Aquí aparecen estratos variables de arcillas sobre materiales más firmes. El comportamiento sísmico es intermedio: puede existir cierta amplificación y modificación del contenido de frecuencias del movimiento del suelo.
Zona III – Lago
Es la zona más característica del valle. Se compone de espesores muy grandes de arcillas lacustres, en algunos casos superiores a 100 metros. Estos suelos tienen baja rigidez y alta capacidad de deformación, lo que provoca un fenómeno muy conocido en ingeniería sísmica: amplificación y prolongación del movimiento del suelo.
En registros sísmicos reales se observa que los acelerogramas medidos sobre suelos blandos pueden ser significativamente mayores y durar mucho más tiempo que aquellos registrados en roca firme. Esto ocurre porque las ondas sísmicas quedan atrapadas y se propagan dentro de estos depósitos blandos, generando vibraciones de periodos más largos.
Este fenómeno es especialmente importante cuando se considera el mecanismo de resonancia estructural. Los edificios tienen un periodo natural de vibración, que depende principalmente de su altura, rigidez y sistema estructural. Las estructuras medianas y altas (aproximadamente entre 10 y 20 niveles) suelen tener periodos similares a los generados por los suelos lacustres del valle. Cuando ambos coinciden, puede producirse resonancia, incrementando significativamente la demanda sísmica sobre la estructura.
Por esta razón, el conocimiento detallado de la microzonificación sísmica del Valle de México es fundamental en la práctica de la ingeniería estructural. Esta información se utiliza para:
• Definir espectros de diseño sísmico adecuados para cada zona.
• Ajustar criterios de periodos estructurales y sistemas resistentes.
• Evaluar correctamente la interacción suelo-estructura.
• Reducir el riesgo sísmico en edificaciones nuevas y existentes.
En una ciudad construida sobre depósitos lacustres tan particulares, el diseño estructural no puede separarse de la ingeniería geotécnica y de la dinámica del suelo. Entender cómo responde el terreno es el primer paso para diseñar estructuras capaces de resistir y disipar la energía sísmica de forma segura.