25/07/2026
📖LA LEYENDA DE SANTIAGO APÓSTOL EN IZÚCAR
Hace mucho, pero muchos años, perdida la fecha entre los márgenes del tiempo; pero en el apogeo de la época colonial se construyó la iglesia donde se conmemora al señor Santiago, dado que ya eran muchos los sacerdotes que añoraban la presencia del señor de Compostela en este rinconcito de Puebla, que en toda la Nueva España se construían iglesias para el culto de la religión católica, por aquella época, llegó a la bella Izúcar un sacerdote emprendedor como todos los que llegaban de la Península Ibérica y con su docta palabra pronto convenció a los lugareños que ese hermoso templo recientemente construido, debía ser dedicado al Señor Santiago, del que era ferviente devoto.
Citó a todos los escultores distinguidos de ese lugar tan abundantes en todo tiempo y le hizo la encomienda de esculpir la imagen del Señor Santiago.
Dio a todos, los datos precisos: debía montar un brioso caballo, pues había sido caballero de capa y espada y en su rostro debía reflejar la pureza, bondad y distinción de su abolengo.
Uno a uno fueron desfilando los escultores que debían plasmar la imagen del Santo, pero el no ver su obra consumada tal como debía ser, se retiraron a esconder su fracaso a otros lugares, pues a algunos les quedaba un horrendo caballo con jinete monstruoso, a otros de los escultores les quedaba un rostro feminoide impropio de la valentía de un caballero, otras más presentaban un jinete gigantesco sobre un caballo ridículo por su pequeñez, en fin nada, nada de lo que hacían los más renombrados escultores de la comarca salía a la medida de las necesidades.
Cuando ya el sacerdote aquel se mostraba desolado porque nadie sabía interpretar aquella imagen, cierto día en que el joven sacerdote ya había perdido toda esperanza de entronizar en ese hermoso templo barroco la imagen soñada, se presentó un hombre misterioso, pidió hablar largo rato con el clérigo y por fin lo convenció de que él o sea el desconocido era la persona indicada para hacer la escultura que todos deseaban, pues el templo y sus altares ya estaban terminados.
Una vez terminado de hablar el escultor, el sacerdote le señaló la sacristía recién estrenada para la realización de su obra, cerró herméticamente la puerta, como lo había pedido el escultor y se retiró a desempeñar sus habituales ocupaciones.
Por fin, ¡oh milagro! Al sexto día se destrozó la expectativa… ¡desmedida sorpresa! Ante sus ojos se descubrió el velo del misterio. Ante él y algunos curiosos, estaba la majestuosa imagen del santo tantas veces deseado, como una soberbia aparición, el caballo más hermoso de la creación sostenía el Señor Santiago pleno de belleza… Por algunos minutos quedaron absortos ante este magnífico espectáculo, que no repararon en la mano quien había realizado el prodigio, hasta que una vez que volvieron a la realidad buscaron sin éxito por todos los rincones de la iglesia, como para entonces, ya la noche había tendido su manto de estrellas, con grandes mechones buscaron por todo el vecindario, donde ya la noticia se había extendido, pero el misterioso escultor no fue encontrado por ninguna parte.
La ciudad de Izúcar de Matamoros fue el polo de atracción de grandes caravanas de creyentes, que visitaban el lugar para dar fe del milagro realizado, los que conocieron al extraño escultor notaron que el santo tenía las mismas facciones, no había la menor duda; fue el mismo Señor Santiago el que, sabiendo que nadie pudo hacer su imagen, se presentó ante los matamorenses para complacer el gran fervor que sentían por él.
Hasta nuestros días se ha conservado la famosa escultura, producto de las manos puras y castas del mismo Señor Santiago, que se venera fervorosamente en la ciudad de los cañaverales.
- Escrito por la poetisa Josefina Esparza Soriano