26/04/2026
Hay tardes que no se organizan… se conjuran.
Y esta, bajo el mesquite ancho del Valle del Mayo,parece tejida con la paciencia de diez años y la terquedad hermosa de un hombre que no suelta la palabra.
Casildo Rivera convoca y llegamos como si siempre hubiéramos sabido el camino poetas con la mirada encendida, narradores con historias que arden bajito, músicos que afinan el alma y danzantes que le enseñan al viento a decir lo que no se escribe.
El mesquite extiende su sombra como un abrazo antiguo, y cada verso que cae parece quedarse suspendido entre sus ramas, como si la tierra misma escuchara.
El aire fresco, cómplice, baila calladito, sabe que los locos de la pluma hoy están en casa.
Yo llego por primera vez, con los ojos abiertos y el corazón reconociendo rostros nuevos que ya se sienten oficio, que ya se sienten tribu.
Diez años no se dicen fácil.
Se siembran.
Se sostienen.
Se celebran así: con vida, con poesía, con encuentro.
Gracias, Casildo, por abrir esta grieta de luz en el mundo, porque sin tardes como esta, la realidad sería más dura, más sola, más muda.