HMR Talleres El Nervion de Riveira

HMR Talleres El Nervion de Riveira La más importante fábrica de motores marinos, en la que se forjaron los buenos mecánicos de Riveira entre 1940 y 1980 Esto fue en 1948. Realizado por.

Breve reseña histórica de Talleres El Nervión de Ribeira

Esta página es un homenaje a aquellos empresarios pioneros de Santa Eugenia de Ribeira (A Coruña), que, a mediados del siglo XX, fueron capaces de desarrollar, fabricar y comercializar los conocidos motores diésel marinos en la empresa Talleres El Nervión SA. Está abierta al recuerdo y a la colaboración de todos los hijos, familiares

y amigos, que quieran aportar datos, anécdotas, historias, fotos, etc., y enriquecer día a día con ello el recuerdo de aquellos hombres luchadores, que con pocos medios fueron capaces de hacer conocer el nombre de Riveira a través de sus motores para barcos, en muchos lugares de España. Aun hoy, en el País Vasco, donde resido desde hace más de cuarenta años, algunos fabricantes de motores de entonces se acuerdan de los motores y de lo robustos y fiables que resultaban. Precisamente hace unos días esto me comentaba un amigo de Bermeo, descendiente del fundador de Talleres Echevarría, competidor por aquel entonces de Talleres El Nervión S.A., que así era como se llamaba la empresa de Riveira donde se fabricaban dichos motores. La marca de motores , proviene de las iniciales de los Hermanos Martínez Rodríguez: Jovita, Saturnino, Manolo, Pablo, Paquito, Jesús, Pepito y Hermenegildo, que fueron quienes llevaron adelante por varias décadas esta empresa. BREVE RESUMEN HISTÓRICO DE LO QUE YO RECUERDO
Por lo que contaba mi padre, su padre Manolo Martínez Patiño (1885 – 1940), vino de Noya (A Coruña) junto con algunos de sus hermanos, su esposa Carmen Rodríguez Graña (1887 – 1960), y su hijo mayor Jovita (1906 – 1986) a vivir en Riveira, aproximadamente hacia el año 1908/1909. Por aquel entonces se dedicaban en Noya a fabricar linternas (para los cementerios) y artilugios similares en hojalata. En Noya, les llamaban la familia de “Los Higinios”, si bien después en Riveira los conocieron como “Los Linterneiros”. Manolo se dedicó a varios negocios relacionados con la mecánica, tuvo incluso un taller de alquiler de bicicletas y más adelante montaron un autobús a Corrubedo que conducía su hijo mayor Jovita. Junto con su hermano Saturnino, en 1917 montaron un taller mecánico en Riveira. Como anécdota, ellos construyeron los ataúdes de cinc para enterrar a los 213 fallecidos en el naufragio del buque Santa Isabel, en enero de 1921 en las cercanías de Sálvora. Manolo tuvo ocho hijos varones y seis hijas (una falleció de pequeña). Al fallecer Manolo por enfermedad en 1940, su hermano Saturnino se separó del taller y este quedó en manos de sus ocho hijos Consiguieron sacar el taller adelante, no sin grandes dificultades en los difíciles tiempos de la postguerra
Durante la década de 1940/1950, se dedicaban a trabajos diversos de mecánica, reparación de motores de gasolina, calderas de vapor, calderería et. Se dieron cuenta de que había un nicho de mercado en la pesca y que se necesitaban motores diésel para pesqueros pequeños y “racúts”, y se animaron a hacer un prototipo de motor pequeño, de 12 CV con los medios de que disponían en el taller que tenían en el Malecón de Riveira. Me contaba Pepito, mi padre, que cuando lo terminaron de construir, lo fueron a probar de noche, por si fallaba, para que no se enterase nadie. El motor funcionó bien,y lo expusieron en Vigo en Gonzacoca durante un tiempo, para luego venderlo a un marinero de Villajuan que les iba pagando poco a poco con lo que iba sacando de la pesca. A la vista del éxito, se pusieron a construir otro de la misma potencia, ý también lo consiguieron vender, esta vez al Noruego, de la Ameixida, que tenía un barco con motor de gasolina y le fallaba mucho. Al ver estos motores lentos pero seguros, la gente marinera, comenzó a solicitar que les fabricasen también más motores. La gente no tenía dinero y había que cobrar poco a poco a medida que el barco pescaba, no siempre sin dificultades. Muchas veces, siendo pequeño, le acompañaba yo a mi padre a puertos como Ëzaro, El Pindo, Caldebarcos, etc, para cobrar los plazos pendientes de los motores. Poco a poco, se vieron en la necesidad de ampliar el taller y a principios de los 50, construyeron en el mismo solar del taller viejo, un edifico de bajo y dos plantas industriales, con capacidad para soportar máquinas pesadas. Así, Talleres El Nervión S.A., se fue consolidando como un referente de la década en la construcción de motores diésel en potencias de 6Cv, 12Cv, 24CV, 36CV, 50 CV. Más adelante también fabricarían algunos motores de 75 CV, e incluso alguno de 100CV. Comenzaron a contratar personal, al que formaban los hermanos, ya buenos mecánicos por aquel entonces, y también fueron incorporando jóvenes maestros industriales procedentes de las escuelas de maestría de Santiago y La Coruña. También se fueron incorporando algunos hijos de los Hermanos Martínez, los más mayores, que aprendían un buen oficio de mecánico por aquel entonces. Cumple destacar que, por aquel entonces, y en tiempos en que esto no era lo habitual en las empresas, todos los operarios estaban dados de alta en la Seguridad social. Existía también un periódico de empresa de tirada mensual, hecho por y para los trabajadores, que se llamaba Armonía alguno de cuyos ejemplares se pueden comprobar en la página de Facebook “HMR Talleres El Nervión”. También era de destacar que los propietarios eran unos trabajadores más, así como algunos de sus hijos, y que la relación entre empresa y trabajadores era muy cordial. También cumple destacar la formación que impartían los propios hermanos a los operarios que se iban incorporando a la empresa. Era frecuente también, el contar con operarios procedentes de las escuelas de maestría de Santiago
Talleres El Nervión de Riveira, se convirtió en poco tiempo en" la mejor escuela profesional de mecánicos " de la comarca. Hoy en día todavía están en activo algunos de los buenos mecánicos que se formaron en sus comienzos, trabajando en esta factoría. La sirena del Nervión competía con la sirena de la Lonja de pescado por aquel entonces, y marcaba la hora de entrada y salida para muchos ribeirenses al escucharla con su estridente sonido. Si bien inicialmente compraban la mayor parte de las piezas de fundición a Fundiciones Rey y Franco de Villagarcía para después mecanizarlas en los propios talleres, a finales de la década de los 50, montan unos Talleres de Fundición en Las Carolinas, poniéndose inicialmente al frente el hijo de Saturnino, Nino. Allí se fundía en hierro los cárteres, sobre-cárteres, volantes, balancines … y en latón , las hélices y otras piezas. Ellos mismos poseían una calderería que construía los guarda-calores de los motores, ofreciendo así a los clientes un servicio completo de montaje del barco, únicamente subcontrataban los cigüeñales de Forja, camisas, y piecerío diverso. Del montaje eléctrico se encargaba el taller de Jesús Lijó padre. Durante la década de los sesenta, se fue frenando la fabricación de motores, debido a la apertura en España de las importaciones de motores mucho más ligeros. Por aquel entonces , había ya una flota importante con motores , lo que permitía mantener el negocio con el mantenimiento de los motores vendidos y los que se iban fabricando. Pese a que se intentaron fabricar potencias mayores, llegándose a fabricar bastantes unidades de 75 CV y algunos de 100 CV, resultaban motores muy voluminosos y pesados, frente a los nuevos Volvo que se comenzaban a traer de Suecia, entre otros. Durante un tiempo también se dedicaron al mantenimiento y reparación de una flota de bacaladeros de Pasajes, aprovechando cuando paraban en Ribeira a descargar el pescado. Sin embargo, resultó este ser un negocio ruinoso, al no abonarles estos las reparaciones de varios meses y dejarles por aquellos tiempos una deuda de seis millones de pts., cantidad muy importante que les perjudicó gravemente en la continuidad del negocio. Ya recién instalados en una nueva nave de 1500 m2 y 1500 m2 de terreno, en el centro del pueblo ( la nave que anteriormente era conocida como el “manicomio” por la multitud de ventanas que tenía) complementaron su actividad para dedicarse a finales de los sesenta y durante la década de los setenta a la venta y reparación de automóviles ( SIMCA, luego Peugeot y más tarde se llamaría Talbot), además de seguir dando el servicio de mantenimiento de motores. Se tuvo que cerrar el taller de fundición por falta de trabajo, y la plantilla que en los buenos momentos rondaba las ciento cincuenta personas, se fue reduciendo paulatinamente hasta quedar alrededor de 40 o 50 operarios. La actividad fue decayendo paulatinamente, y a principios de los ochenta , la crisis les obligó a cesar la actividad, y cerrar la empresa. Quedó sin embargo en Ribeira, una importante base de mecánicos que se formaron en estos talleres y que a lo largo de las siguientes décadas ocuparon importantes puestos especialmente de máquinas en barcos de pesca. Lorenzo Martínez Sieira (hijo de Pepito)
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