12/07/2026
Sin Elvira Lindo, sin Barceló: la SER pierde algo más que voces
Elvira Lindo se ha despedido de La Ventana el 2 de julio recordando a las personas que más la marcaron durante años de radio: Gema Latorre, matrona de Médicos Sin Fronteras; Rafael Rivera, arquitecto del Parque Gulliver de Valencia; Patricia Hiramatsu, traductora y memoria viva de Hiroshima; Minel Soroa, cardióloga trans del Mount Sinai de Nueva York. Gente con historias, con oficio, con mundo. Gente que no iba a colocar un eslogan ni a vender tertulia prefabricada. “Si multiplicaras por cien a cada una de las personas que he traído, el mundo sería muchísimo mejor”, dijo Lindo. Y ahí está precisamente el problema: quizá ese tipo de radio ya molesta.
Porque sin Lindo, sin Barceló, la pregunta empieza a ser inevitable: ¿en qué se está transformando la SER? No hablamos solo de nombres propios, aunque los nombres importan. Hablamos de una manera de mirar. De una radio capaz de escuchar a quienes no salen en los platós, a quienes hacen cosas extraordinarias lejos de los focos, a quienes saben algo que las tertulias no saben porque las tertulias casi nunca escuchan. Lindo lo explicó sin épica barata: quería traer a personas que sabían cosas que ella no sabía. Parece sencillo. En realidad, hoy suena casi revolucionario en un ecosistema mediático obsesionado con el ruido, el cálculo empresarial y la cobardía editorial.
Su despedida tuvo algo de elegía. También de aviso. Cuando una cadena va perdiendo voces con sensibilidad, memoria y mirada social, no solo cambia una parrilla: cambia el país que esa cadena ayuda a contar. Y si lo que queda es menos calle, menos humanidad, menos cultura popular, menos incomodidad y más prudencia corporativa, conviene decirlo claro. La radio no se vacía de golpe. Se vacía poco a poco, cuando las historias anónimas dejan paso al comentario de siempre, cuando las y los oyentes dejan de encontrarse dentro, cuando la vida real se aparta para no molestar demasiado. Luego vendrán a llamarlo renovación. Qué palabra tan limpia para algunas despedidas tan feas.