30/11/2021
No he logrado aún las metas profesionales que me he trazado… esa es la verdad.
Pero hoy quiero pararme y reenfocar.
Si sigo poniendo mi atención en la frustración que me genera no lograr mis objetivos, la impaciencia que siento, el pesar e incluso la falta de Fe en el proceso, seguiría obviando otro montón de cosas que están sucediendo al mismo tiempo que este “inminente fracaso”.
Quiero honrar a mi paciencia. A mi habilidad para levantar mis ánimos aún cuando tengo muchas ganas de llorar. Levanto mis ánimos y los de quienes me rodean, porque mis hijas lloran y se desaniman, mi esposo también tiene días en los que se vence… y allí siempre he estado yo, dándole la vuelta a la tortilla para que tomemos lo que vale y aprendamos a continuar.
Y para poder hacer eso me preparo todos los días: leyendo, investigando sobre el cerebro y cómo funciona, informándome sobre gestión de emociones, aprendiendo a meditar…
Quiero agradecerme que cada día al levantarme sigo sintiendo ganas de hacer algo por mí. De cuidar mi salud, mi alimentación, mi cuerpo y apoyar a los míos en la misma tarea.
Me felicito por haber bajado el ritmo frenético de mi vida. Por hacer las cosas con más calma y entender que así están bien.
Valoro haber conseguido abandonar la idea de querer cambiarme. Tenía una lista larga de cosas que debía cambiar para poder SER mejor. Ahora ya sé que estoy completa, que no me falta nada, y que todo lo que aprenda y evolucione viene a mejorarme, no a cambiarme.
He aprendido a hablar con los míos, y algo mejor: A ESCUCHARLOS. Ya no salto como el aceite. Ya no me molesto tan fácil. Ya soy un poco más dueña de mis respuestas.
Así que mientras llegan mis objetivos, mis logros profesionales; creo que me voy convirtiendo en la persona que quiero ser. Libre de mis propias prisiones…Presente… Feliz.