17/04/2026
AMOR ENTRE ARRUGAS.
Días alternos, todas las mañanas a la misma hora, normalmente con vaqueros y camisa de cuadros, llega Miguel a la residencia de Mayores.
Una mujer sin expresión en el rostro respira en una silla de ruedas. No mueve sus brazos, los que en un tiempo abrazaron con fuerza, hoy están deformados.
- ¡Buenos días!, vengo a visitar a mi esposa - anuncia con ese acento firme de pueblo que evoca su propia sabiduría.
- ¡Buenos días!, espere un momento, no tardará en llegar - responde la recepcionista con tono calmado.
A los tres minutos, la cara de Miguel cambia, cuando a lo lejos ve como se acerca el trono sobre ruedas que empuja un trabajador del centro. Su sonrisa se hace sincera, sus párpados caen para aliviar la sal de las lágrimas.
-¿Cómo estás cariño? - le pregunta.
Aún recuerda su voz e imagina que le habla, que le contesta. La oye. La escucha.
- “Estoy bien, ¡anda! invítame a un café, demos un paseo" -...
Acto seguido, Miguel acaricia varias veces su barbilla, la besa dos veces en la frente y un tercer beso en la boca detiene el tiempo.
Sonríe y se coloca en posición para llevar la silla de ruedas, que transporta a su compañera de vida, rumbo a la calle, para estrenar un nuevo día juntos.
Autora: Pilar Fernández, Trabajadora Social de CEMADE.