27/08/2026
¿Qué es lo que nos gusta del río Mula?
A tod@s nos gusta el río. Su paisaje, su belleza y lo que representa para Bullas. Tanto, que cada vez lo elegimos más como escenario: para fotografías y vídeos, imágenes de dron, contenidos para redes sociales, rodajes, conciertos, actividades y eventos.
Y quizá precisamente por eso merece la pena hacernos una pregunta: ¿qué es exactamente lo que nos gusta del río?
Porque el paisaje que admiramos no es un decorado. Está formado por los travertinos que el agua ha construido lentamente, por la vegetación de ribera, por las aves que crían entre sus paredes y árboles, por los murciélagos que encuentran refugio en sus cuevas y oquedades, por los insectos, las plantas y por el propio funcionamiento del río. Todo eso que quizá apenas cabe en una fotografía es, en realidad, lo que hace posible el paisaje que disfrutamos y que tanto se está difundiendo.
Y nuestras actividades también tienen efectos sobre esos elementos. Un dron puede molestar a la fauna. El ruido, la iluminación o una elevada concentración de personas pueden alterar espacios sensibles. Salirse de los lugares adecuados puede deteriorar la vegetación o formaciones extremadamente frágiles. Y muchas veces no ocurre por mala intención, sino simplemente porque no somos conscientes de lo que tenemos delante.
Por eso creemos que es necesario hablar sobre qué usos queremos hacer del río y cómo hacerlos compatibles con su conservación. No se trata de dejar de disfrutarlo pero sí aprender a disfrutarlo mejor. Habrá actividades compatibles, otras que necesitarán condiciones, lugares o momentos determinados y algunas que no deban realizarse en espcios protegidos.
La normativa es la referencia, por supuesto, pero también debería serlo el sentido común: antes de utilizar un espacio natural como escenario, preguntarnos qué hay allí, qué podemos alterar y cómo podemos reducir nuestro impacto.
Porque si nos gusta el paisaje del río Mula, también deberían importarnos las pequeñas piezas que lo construyen. Proteger el río empiece precisamente por dejar de verlo solamente como un paisaje bonito y empezar a verlo como un ecosistema vivo del que somos responsables y formamos parte.