21/10/2025
LOS DOS LADOS DE LA MONEDA EN LAS GALLERAS..!
En las galleras, ese rincón crudo y vibrante donde el polvo se mezcla con el rugido de las apuestas y el eco de las espuelas, hay un veneno sutil que no viene de las peleas de los gallos, sino de los corazones humanos. Hablo del menosprecio, ese muro invisible que se alza entre los galleros humildes y los que llegan con bolsillos llenos y egos inflados. ¿Por qué? Porque en un mundo donde el juego se mide en pesos y no en pasiones, el humilde —aquel que cría su gallo con sudor de jornal, que lo entrena con manos callosas y sueños tejidos en la noche— se convierte en un intruso. Un "pobre diablo" que no merece el respeto de la tribuna alta, donde los trajes finos dictan veredictos con sorbos de whisky.
Pero reflexionemos, amigos. ¿Acaso el alma de un gallo se forja en el oro o en el fuego de quien lo ama sin reservas? El gallero humilde no busca el aplauso de los grandes; él pelea por el pulso de la tierra, por el legado de un padre que le enseñó a ver en cada plumaje una historia de resistencia. Y sin embargo, lo miran de reojo, lo llaman "don nadie" aunque lleve décadas en el ruedo, lo apartan como si su humildad fuera una plaga. Es el viejo mal del orgullo humano: creemos que el valor se compra, que la dignidad pesa en la balanza de las apuestas. Olvidamos que las verdaderas batallas no se ganan con billetes, sino con el coraje de quien entra al ruedo sabiendo que puede perderlo todo, menos el respeto por sí mismo.