15/05/2026
Recuerdo que cuando estaba en el colegio, uno podía no estar de acuerdo con un profesor, incluso tenerle miedo a un llamado de atención… 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐡𝐚𝐛𝐢́𝐚 𝐚𝐥𝐠𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐚𝐬𝐢 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐬𝐞 𝐝𝐢𝐬𝐜𝐮𝐭𝐢́𝐚: 𝐞𝐥 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐞𝐭𝐨.
Los maestros eran vistos como figuras de autoridad. Personas que se esforzaban por enseñar, corregir y formar. Y aunque seguramente también se cansaban, uno no alcanzaba a imaginar todo lo que cargaban encima.
Hoy, años después, veo aulas donde muchos docentes 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐞𝐝𝐢𝐫 𝐬𝐢𝐥𝐞𝐧𝐜𝐢𝐨 𝐦𝐚́𝐬 𝐯𝐞𝐜𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨𝐠𝐫𝐚𝐧 𝐞𝐧𝐬𝐞𝐧̃𝐚𝐫.
𝐕𝐞𝐨 𝐩𝐚𝐝𝐫𝐞𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐥𝐞𝐠𝐚𝐧 𝐩𝐫𝐢𝐦𝐞𝐫𝐨 𝐚 𝐫𝐞𝐜𝐥𝐚𝐦𝐚𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐚 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚𝐫 𝐪𝐮𝐞́ 𝐩𝐚𝐬𝐨́.
𝐃𝐢𝐫𝐞𝐜𝐭𝐢𝐯𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐱𝐢𝐠𝐞𝐧 𝐫𝐞𝐬𝐮𝐥𝐭𝐚𝐝𝐨𝐬, 𝐢𝐧𝐟𝐨𝐫𝐦𝐞𝐬, 𝐢𝐧𝐜𝐥𝐮𝐬𝐢𝐨́𝐧, 𝐜𝐨𝐧𝐯𝐢𝐯𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐲 𝐫𝐞𝐧𝐝𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨… 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐚𝐬 𝐯𝐞𝐜𝐞𝐬 𝐬𝐢𝐧 𝐝𝐚𝐫 𝐞𝐥 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐚𝐥𝐝𝐨 𝐬𝐮𝐟𝐢𝐜𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞.
Y en medio de todo eso, ahí siguen ellos.
Preparando clases en la noche.
Revisando trabajos fuera de horario.
Intentando mantener la atención de grupos cada vez más difíciles.
𝐂𝐚𝐫𝐠𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐫𝐞́𝐬, 𝐚𝐠𝐨𝐭𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐲 𝐩𝐫𝐨𝐛𝐥𝐞𝐦𝐚𝐬 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚𝐥𝐞𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐚𝐬𝐢 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞𝐧 𝐦𝐨𝐬𝐭𝐫𝐚𝐫 𝐝𝐞𝐧𝐭𝐫𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐬𝐚𝐥𝐨́𝐧.
A muchos les exigen paciencia infinita, control absoluto y resultados inmediatos… incluso en días donde ellos mismos apenas logran sostenerse.
Y aun así vuelven al aula al día siguiente.
Como sociedad llevamos tiempo exigiéndoles demasiado a los maestros y valorándolos cada vez menos.
Por eso este 𝐃𝐢́𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐌𝐚𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨 no debería quedarse solo en una felicitación. También debería servir para preguntarnos en qué momento enseñar se volvió tan difícil… y por qué quienes forman a las nuevas generaciones muchas veces terminan enfrentando solos esa carga. 🍎📚