28/04/2025
💥💥🔥🔥¿A DÓNDE VA EL ICOPOR QUE TIRAS EN BOGOTÁ?
UNA MIRADA AL IMPACTO AMBIENTAL DE NUESTRA CIUDAD
Cuando terminas de comer y tiras esa bandeja blanca en la caneca, probablemente no piensas más en ella. Para ti, desaparece. Pero para Bogotá, esa bandeja sigue presente durante décadas. Y no lo digo como una exageración: lo digo como una persona que ha seguido el rastro del icopor desde las calles hasta los puntos más críticos del ecosistema urbano, por más de 20 años.
¿A dónde va el icopor que desechamos? La respuesta es incómoda: a todas partes. Al relleno sanitario de Doña Juana, a los humedales, a los canales de aguas lluvias, a la Calle 13, a los cerros, e incluso a nuestros propios hogares cuando regresa en forma de microplásticos en el agua o en el aire que respiramos.
El rastro invisible de un material muy visible
El icopor —ese material liviano, blanco y aparentemente inofensivo— no se degrada fácilmente. Puede tardar más de 500 años en desaparecer, y mientras tanto se fragmenta, contamina y afecta gravemente nuestros ecosistemas urbanos.
En mis recorridos por Bogotá, he visto toneladas de icopor flotando en los humedales de Juan Amarillo y La Conejera, atrapado en las rejillas de los sumideros, acumulado en los bordes de calles y autopistas, y en casi todas partes.
Y lo más alarmante es que, al ser tan liviano, el icopor viaja con el viento y el agua, infiltrándose en lugares donde no debería estar: la naturaleza.
Un impacto que se siente, pero no siempre se ve
Los animales confunden el icopor con alimento. Las aves de los humedales lo ingieren. Los peces lo absorben en forma de microplástico. Y sí, nosotros también estamos expuestos a esos fragmentos minúsculos que, según estudios recientes, ya se han encontrado en pulmones humanos y en la sangre.
Pero no se trata solo de salud. También es un asunto de infraestructura urbana: el icopor tapa alcantarillas, agrava inundaciones y eleva los costos de limpieza en muchos millones de pesos al año, dinero que podría destinarse a educación o salud pública.
¿Y qué podemos hacer?
La buena noticia es que no estamos condenados. Este material, aunque complejo, sí se puede reciclar si se separa correctamente. Bogotá ya cuenta con rutas de reciclaje específicas, recicladores organizados y empresas capaces de transformarlo en nuevos productos útiles.
Lo que falta es una ciudadanía más activa, más consciente.
Gente que pregunte: “¿Dónde debo llevar este icopor limpio?”, en lugar de simplemente tirarlo a la basura.
Gente que entienda que un pequeño gesto —como separar una bandeja— puede tener un gran impacto colectivo.
Bogotá merece más
Nuestra ciudad está en un punto crítico. El crecimiento poblacional, el consumo masivo y la mala gestión de residuos nos están llevando al colapso ambiental. Y aunque el icopor parece solo una parte pequeña del problema, su efecto es profundo, silencioso y devastador.
Por eso, te invito a hacer algo diferente hoy. La próxima vez que veas icopor, no lo ignores. Piensa en su viaje. Pregúntate a dónde va. Y sobre todo, decide que no será a la naturaleza.
El cambio no empieza en las grandes leyes.
Empieza en tu casa, en tu calle, en tu conciencia.
Porque en Bogotá, cada pedazo de icopor que no se recicla, es una herida más al corazón de la ciudad.
Cel. 3176463713
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