23/09/2026
LA ILUSIÓN DEL EMPAQUE PERFECTO
¿CUÁNDO ASUMIREMOS LA RESPONSABILIDAD ANTE LOS ENVASES IMPOSIBLES DE RECICLAR?
Mientras en Europa se debate cómo lograr que ningún envase en las estanterías sea inferior al 70% o 80% reciclable para los años 2030 y 2038, en Colombia transitamos por una realidad paralela: nuestros supermercados e industrias siguen inundados de estructuras plásticas de difícil o nula posibilidad de reciclaje.
Hablamos de los plásticos flexibles multicapa, aquellos empaques metalizados de papas fritas, galletas, aderezos y productos congelados que combinan capas de polietileno, polipropileno, aluminio y adhesivos sintéticos. Estas "superestructuras" fueron diseñadas con maestría para proteger el alimento y prolongar su vida útil a muy bajo costo, pero bajo una absoluta ceguera ambiental frente a su disposición final.
El recién adoptado Reglamento Europeo de Envases (PPWR) envía una señal clara y categórica a los fabricantes: la era del envase económico en producción pero costoso para el planeta ha terminado. Quien desee vender en el mercado europeo debe rediseñar su arquitectura de empaques o invertir en tecnologías de frontera, como la despolimerización, la disolución o la pirólisis, capaces de descomponer las moléculas complejas para reincorporarlas como resina de calidad virgen.
¿A QUÉ DISTANCIA ESTAMOS EN COLOMBIA?
Colombia ha dado pasos legislativos con la Ley 2232 de 2022 y la Resolución 1407 de 2018, eliminando ciertos plásticos de un solo uso (como pitillos o bolsas comunes) e imponiendo cuotas de recolección a las empresas. Sin embargo, la brecha tecnológica y regulatoria frente a la UE sigue siendo abismal por tres razones fundamentales:
1. Dependencia del Reciclaje Mecánico Tradicional: La infraestructura de reciclaje en el país descansa sobre los hombros de los recicladores de oficio y plantas de molienda mecánica. Este sistema es excelente para materiales rígidos como el PET o el polietileno de alta densidad (HDPE), pero es inoperante para envases multicapa y laminados. Estos últimos terminan inevitablemente en los rellenos sanitarios (como Doña Juana en Bogotá) o contaminando fuentes hídricas.
2. Ausencia de Exigencias de Reciclabilidad Real por Diseño: La normativa colombiana exige recolectar porcentajes de toneladas del mercado, pero no prohíbe explícitamente la fabricación de empaques técnicamente imposibles de reciclar. Si un fabricante produce una lámina imposible de separar, la ley actual le permite compensar esa huella recolectando botellas de PET, dejando el empaque complejo sin solución de raíz.
3. Falta de Inversión e Incentivos en Reciclaje Químico: Las tecnologías de reciclaje avanzado analizadas por IDTechEx requieren altas inversiones de capital y marcos legales claros (como la contabilidad de balance de masas). En Colombia, la discusión sobre el reciclaje químico apenas empieza y carece de incentivos fiscales o regulatorios que atraigan a las petroquímicas y a la gran industria.
¿Cuándo tomaremos conciencia?
La toma de conciencia real no llegará únicamente por la buena voluntad de la industria, pues la presión por mantener márgenes de rentabilidad suele primar sobre el ecodiseño. La verdadera transformación ocurrirá cuando converjan tres factores:
• Regulación Estricta basada en Ecodiseño: Colombia debe transitar de las metas simples de recolección a los estándares de reciclabilidad obligatoria por envase. Se debe penalizar fiscalmente o prohibir la comercialización de materiales cuya combinación imposibilite su reincorporación en la cadena de valor.
• Corresponsabilidad Financiera y Reinversión: Las metas de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) deben dirigir fondos directamente al desarrollo de plantas de reciclaje químico, pirólisis e investigación de monomateriales sustitutivos.
• Conciencia del Consumidor e Información Transparente: Al igual que el Pasaporte Digital de Producto en Europa, el consumidor colombiano necesita saber si el empaque que sostiene en la mano es realmente reciclable en su municipio o si está destinado a perdurar por siglos en un vertedero.
La experiencia europea demuestra que la sostenibilidad no es una alternativa abstracta, sino una exigencia técnica de mercado. Seguir fabricando empaques de nula posibilidad de reciclaje bajo el pretexto de la falta de tecnología no es más que una postergación irresponsable. Colombia debe mirarse en el espejo del PPWR no para copiar ciegamente su texto, sino para acelerar la transición hacia materiales mono-estructura y tecnologías avanzadas antes de que la crisis de residuos supere nuestra capacidad de respuesta.