12/09/2025
Perdimos la sede de la Final Única de la Copa Sudamericana 2025 – Estadio Ramón Tahuichi Aguilera
1. Cronología básica
• 2024: CONMEBOL anuncia que Santa Cruz será sede de la Final Única 2025 en el estadio Ramón Tahuichi Aguilera.
• Inicio 2025: Se define un plan de obras de adecuación con observaciones técnicas en infraestructura, seguridad y servicios.
• Mediados 2025: Informes muestran retrasos en cronogramas de ejecución.
• Agosto 2025: CONMEBOL emite alertas sobre la falta de cumplimiento de tiempos y condiciones.
• 11 de septiembre de 2025: Última inspección de CONMEBOL concluye que no es posible culminar las obras a tiempo.
• 12 de septiembre de 2025: Se anuncia el cambio de sede a Asunción, Paraguay.
2. Criterios técnicos observados por CONMEBOL
• Retraso en cronograma de ejecución de obras en hitos críticos.
• Seguridad estructural y de evacuación, salidas, accesos, control de multitudes.
• Infraestructura tecnológica, cabinas de prensa, fibra óptica, posiciones de cámaras.
• Instalaciones para jugadores y delegaciones, vestuarios, salas médicas, accesos diferenciados.
• Campo de juego e iluminación, césped, drenaje, iluminación para transmisión internacional.
3. ¿De quién es la culpa de que hayamos perdido la sede?
La responsabilidad es compartida: desde el nivel central del Estado, la Gobernación, el municipio, hasta los contratistas. Evidentemente, algunas instancias tenían mayor peso en la toma de decisiones y en el manejo de los recursos. Pero más allá de buscar culpables, lo que debemos subrayar es que la burocracia y los procesos administrativos en nuestro país limitan nuestra capacidad de responder con la celeridad que un evento internacional exige.
La capacidad técnica existe y es de alto nivel. El problema no estuvo en la ingeniería como ciencia ni en el talento de nuestros profesionales, sino en la gestión administrativa, financiamiento y toma de decisiones oportunas.
Las observaciones no fueron sobre la estabilidad estructural del estadio en sí, sino sobre adecuaciones específicas que exige CONMEBOL para un evento de esta magnitud: accesos, servicios, tecnología, seguridad y confort.
Se pudo evitar esta pérdida si se hubieran cumplido los plazos y si se hubiera tenido una coordinación más eficiente entre los distintos niveles de gobierno y los responsables de la obra. La ingeniería boliviana puede entregar proyectos de calidad, pero necesita un entorno institucional que no frene ni complique la ejecución.
Debemos repensar la forma en que gestionamos grandes proyectos. El fracaso no es de los profesionales bolivianos, sino de un sistema que muchas veces entorpece más de lo que facilita. Si queremos posicionar a Bolivia como sede de eventos internacionales, necesitamos optimizar nuestra administración pública.
Lo inmediato es terminar las obras con transparencia y calidad para que el Tahuichi quede al nivel de recibir futuros eventos internacionales. Y lo estratégico es que esta experiencia nos impulse a mejorar la coordinación interinstitucional y la eficiencia del Estado.
El caso del Tahuichi no debe interpretarse únicamente como una derrota, sino como una valiosa llamada de atención. Bolivia cuenta con ingenieros y profesionales altamente capacitados, preparados para enfrentar desafíos de gran envergadura. Sin embargo, si no abordamos con seriedad nuestras limitaciones administrativas y fortalecemos la gestión pública, seguiremos perdiendo oportunidades clave.
La ingeniería boliviana está lista para contribuir al desarrollo nacional; lo que se necesita ahora es un Estado que confíe en sus instituciones, que promueva la eficiencia y que convierta el talento en resultados concretos. Este es el momento de transformar los desafíos en impulso para el cambio.
Otro aspecto que merece atención es el contexto en el que se asumió este desafío: probablemente el año más complejo para el país en términos operativos. La escasez de diésel, el incremento constante en los precios de materiales, y la inestabilidad cambiaria que afecta la importación de insumos esenciales, han representado obstáculos significativos. Aun así, enfrentar estos retos en condiciones adversas demuestra el compromiso y la resiliencia de nuestros profesionales. Este escenario debe motivarnos a fortalecer nuestras capacidades institucionales y a buscar soluciones estructurales que nos permitan avanzar, incluso en tiempos difíciles.