18/06/2020
En octubre de 2015, el pleno camaral del Senado aprobó declarar a la Festividad Religiosa del “Señor de Maica”, Patrimonio Cultural e Inmaterial de Bolivia.
De Sucre a Yotala, la carretera permite un viaje cómodo, y desde ese punto hasta la comunidad, el camino es de tierra, empedrado, otra parte pedregoso y de tierra; se debe cruzar por el río al menos tres veces, ante la falta de puentes, pero no es un obstáculo para visitar al Señor, aseguran los fieles, quienes no dudan en recobrar fuerzas en Ñucchu, con un ají de arveja, haba, saice o algún otro plato típico que ofertan al menos unas 15 venededoras de temporada, como María Isabel Flores, que sólo busca ganarse la vida durante esta festividad.
Ya con el estómago lleno y continuando el viaje, se empiezan a observar simpáticos paisajes entre montañas, animales y vegetación que dan señal del acercamiento al santuario, pero la alerta real es la acumulación de piedra blanca que sirve de materia prima para hacer cal, por eso la comunidad lleva el nombre de La Calera.
Es también visible el camino al calvario que tiene 14 estaciones para venerar al Cristo en una de las montañas. Aunque los creyentes empiezan a acudir con mayor frecuencia desde el 29 de septiembre, el 6 de octubre es la jornada que convoca a muchos más. De entrada, se observa el tránsito frecuente de vehículos que llegan o se van.
Cerca del improvisado estacionamiento en afueras del templo, donde no siempre se encuentra un lugar, también están instaladas las vendedoras de artesanías, comida y bebidas alcohólicas. Unos pasos más allá, al recorrer por una calle angosta, empieza la feria de la Alasita donde se ofertan ante todo vehículos en miniatura y billetitos; otros ofrecen imágenes del Señor de Maica en distintos tamaños y precios, escapularios, rosarios, denarios, cuadros y otros para ser incienciados, proporcionados por amautas que también se dedican a la lectura de la suerte.
Una vez adquiridas las ilusiones, casi siempre en familia o pareja, se dirigen hasta el santuario donde se forma una larga fila para llegar a los pies de Jesús crucificado.
Las muestras de amor, agradecimiento y la petición de nuevos milagros se expresan con veneración, tocando el pollerín del Cristo, echándole mixtura, incienso o flores.
Contiguo a la Capilla antigua se ubica el velatorio, una pequeña habitación con escrituras de gratitud y encomiendas y al fondo una pequeña imagen del “Tata”. Niños con sus padres y abuelos son los afanados en buscar un lugar dónde encender la próxima vela.