05/06/2025
🥪 Así nació Q'VC Sandwichería 🍟
Una historia real de lucha, amor y sabor.
A los 14 años, mi vida ya estaba marcada por el esfuerzo. Mientras otros chicos quizás jugaban o salían con amigos, yo salía a limpiar terrenos y cortar pasto para ganarme unos pesos. Termine la secundaria. Soñaba con estudiar, así que más adelante trabajé en kioscos para poder comprar mis apuntes de la facultad. Pero no todo se puede cuando lo económico no alcanza: tuve que dejar la carrera.
Estuve perdido mucho tiempo hasta que decidí comenzar a estudiar de nuevo. Fue en esa etapa que conocí a Lucía, mi compañera de vida. Ella y su madre empezaron a hacer alfajores de maicena para que yo pudiera salir a venderlos en el centro y la terminal. Así juntaba unos pesos para los apuntes o simplemente para mis gastos. Vendí incluso plantas de aloe vera… y aunque en las redes algunos se reían de lo que hacía, nunca me detuve.
Mi camino en la gastronomía empezó lavando platos en un bar de La Recalde llamado "Spa Quedarse" siempre seré un agradecido a Don Cacho, el dueño, por sus enseñanzas y valores que nos supo transmitir. De a poco fui creciendo: ayudante de cocina, pizzero, sanguchero. Años después trabajé en otro bar donde hacía de todo: cocinaba, atendía el kiosco, limpiaba y llevaba mesas. El lugar me quedaba muy lejos y decidí dejarlo.
Luego entré a un local gastronómico en el centro: horario nocturno, de 7 de la tarde a 5 de la mañana. Sacaba panchos, lomos, milanesas, pizzas, hamburguesas, empanadas… todo solo, sin ayudantes. Aguanté hasta que el maltrato de los dueños fue demasiado. No volví más.
Ahí empezó otra etapa año 2019: amigos me prestaron herramientas (familia Álvarez) y comencé mi propio emprendimiento. Una planchita, una freidora, y una pieza chiquita en la casa de mi viejo fueron el punto de partida. Mucha gente me ayudó en ese momento. Tuve un accidente de tránsito grave, y mi hermano Ismael se hizo cargo del negocio mientras yo aprendía de nuevo a caminar. Lucía se convirtió en mi mano derecha y, con el tiempo, pudimos sumar personas que nos ayudaban.
Mi papá tenía un local al lado de casa, a medio terminar. Me lo cedió para que lo transformara. Revocar, poner cerámicos, pintar, hacer la barra, instalar luz, agua, gas… todo a pulmón. Pero lo hicimos.
Hoy, nuestro lugar tiene todo para que nuestro equipo de trabajo pueda trabajar con dignidad y comodidad.
Mi hermano, por su parte, se hizo cargo del negocio de mi abuelo que ya no está, pero esa… esa es otra historia.
No fue fácil. No hubo atajos. Pero cada paso valió la pena. Porque crecer no siempre es subir derecho: a veces es caerse, levantarse, dar un paso más y volver a creer.
Siempre voy a estar agradecido con todas las personas que nos dieron una mano. Superamos épocas de pandemia, crisis económicas, perdidas de seres queridos, pero aquí seguimos firmes, volando bajito y tratando de cumplir nuestros sueños de manera honesta, trabajando y aprendiendo cada día más para brindar el mejor servicio gastronómico a todas las personas que se acercan o nos dejan un mensajito para que le llevemos el pedido.
Agradecimiento especial a Lucia Agüero, a mis viejos, mi hermano Ismael, a Luciano, Fede Bar, Vane Herrera (creadora del nombre) Martina, Dayana, familia Álvarez, a todos los que trabajaron y trabajan en nuestra cocina y como cadetes. Por último y no menos importante a los que nos alientan desde arriba: el abuelo Juan, mi suegra Rosa Agüero y nuestro amigo Walter “Miya” Aybar.
"Si tenés un sueño, defendelo. Aunque nadie lo vea, aunque se rían. Soy Santiago Tapia, de Catamarca. Y esta es la historia de Q’VC Sandwichería. Gracias por ser parte.” 💪🍀