El Diario de un Salmista

El Diario de un Salmista “Acompáñame en mi proceso de formación como Salmista, descubriendo juntos el arte de adorar con excelencia.”

Cuando el corazón se siente lejos de DiosIba camino a mi trabajo, cansada después de una semana agotadora, cargada de es...
05/09/2026

Cuando el corazón se siente lejos de Dios

Iba camino a mi trabajo, cansada después de una semana agotadora, cargada de estrés y con el corazón un poco abrumado. Mientras avanzaba, comenzaron a llegar pensamientos de desánimo, frustración y tristeza. Pensaba en aquello que Dios me ha llamado a hacer y en lo lejos que sentía estar de ese propósito.

Quizás mi caminar reflejaba exactamente lo que estaba pasando dentro de mí: la mirada hacia el suelo, los hombros caídos y el ánimo decaído.

Pero, en medio de aquellos pensamientos, algo en mi interior —ese suave susurro del Espíritu Santo que muchas veces ignoramos en medio del ruido— me recordó algo que necesitaba escuchar:

¡No tienes por qué sentirte así!

Soy hija de Dios.

Y mi relación con Él no depende de estar sobre una tarima, de tener un lugar dentro de una iglesia o de estar haciendo exactamente aquello que alguna vez imaginé que haría para Él. Mi relación con Dios depende de mi corazón y de mi decisión diaria de buscarlo.

Cada día tengo que levantarme con el deseo de estar más cerca de Él, de conocerlo más, de agradarle y de permanecer en su presencia.

¿Y cómo puedo hacerlo?

Orando.
Leyendo Su Palabra.
Adorándolo.
Cantándole.

Quizás por ahora no esté cantando desde una tarima de una iglesia, pero Dios me ha dado una voz, y mientras tenga voz, puedo cantarle. Puedo adorarlo desde mi habitación, desde mi casa, mientras voy camino al trabajo o incluso en medio de un día difícil.

Porque la adoración no comienza en una plataforma; comienza en el corazón.

«“Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón;
y salva a los contritos de espíritu.”
Salmos 34:18»

Y quizás eso era exactamente lo que necesitaba recordar: Dios no se ha alejado de mí. Él sigue ahí. Aun cuando yo no pueda verlo claramente, aun cuando sienta que me he detenido, aun cuando mis circunstancias me hagan pensar que estoy lejos de Su propósito.

Él sigue siendo Dios.

Por eso, no permitas que las diferentes situaciones que estás atravesando te superen. No permitas que el cansancio, la frustración, las puertas que no se abren o las respuestas que parecen tardar te hagan olvidar las promesas que Dios te ha hecho.

Sigue confiando.

Sigue creyendo.

Sigue orando.

Sigue buscando.

Porque quizá la respuesta tarde un poco más de lo que esperabas, pero eso no significa que Dios se haya olvidado de ti.

«“Porque la visión aún por un tiempo,
mas se apresura hacia el fin, y no mentirá;
aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá,
no tardará.”
Habacuc 2:3»

Hay procesos que no entendemos mientras los estamos viviendo. Hay temporadas en las que sentimos que no estamos avanzando, cuando en realidad Dios está trabajando en lugares que nuestros ojos todavía no pueden ver.

No confundas silencio con ausencia.

Dios sigue obrando.

Y mientras esperas, adóralo.
Mientras esperas, búscalo.
Mientras esperas, confía.
Mientras esperas, sigue caminando.

«“Fíate de Jehová de todo tu corazón,
y no te apoyes en tu propia prudencia.
Reconócelo en todos tus caminos,
y él enderezará tus veredas.”
Proverbios 3:5-6»

Hoy quiero recordármelo a mí misma, pero también a quien pueda estar leyendo estas palabras:

No estás lejos de Dios.

Tal vez estás cansado. Tal vez estás confundido. Tal vez estás atravesando una temporada que no entiendes. Tal vez sientes que te has apartado de aquello que Dios puso en tu corazón.

Pero vuelve a Él.

No necesitas esperar a sentirte bien para buscarlo.
No necesitas tener todo resuelto para orar.
No necesitas estar en el lugar perfecto para adorarlo.

Simplemente vuelve tu corazón hacia Él.

Porque cuando todo parece incierto, todavía podemos aferrarnos a una certeza:

«“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios.”
Salmos 46:10»

Y al final, cuando llegue aquello por lo que tanto has orado, podrás mirar hacia atrás y comprender que incluso en los días en que caminabas con la mirada hacia el suelo, Dios seguía caminando contigo.

Así que levanta la mirada.

Respira.

Confía.

Y sigue caminando.

Lo que Dios prometió, Él lo cumplirá. 🤍✨

Cuando dejé de mirar el problema y volví a mirar a DiosHa pasado bastante tiempo desde la última vez que escribí aquí, y...
21/08/2026

Cuando dejé de mirar el problema y volví a mirar a Dios

Ha pasado bastante tiempo desde la última vez que escribí aquí, y antes de continuar quiero pedirte disculpas por mi ausencia. Este blog nació como un espacio para compartir lo que Dios ha ido haciendo en mi vida, y aunque muchas veces he escrito desde la alegría, la esperanza y la gratitud, hoy quiero escribir desde un lugar diferente: desde un corazón que ha estado atravesando días difíciles.

Este primer mes sin mi abuelita ha sido duro. Muy duro.

Su ausencia ha dejado un vacío que todavía estamos aprendiendo a vivir. Pero, además del dolor de su partida, como familia hemos tenido que enfrentar situaciones serias que han querido sacudirnos, dividirnos y hacernos sentir que todo lo que habíamos avanzado en el Señor se desmoronaba frente a nuestros ojos.

Hubo momentos en los que parecía que habíamos retrocedido kilómetros.

Y debo reconocer algo: estos últimos días han sido especialmente difíciles para mí.

Hoy, mientras regresaba a casa en el bus, venía con una mezcla de emociones que apenas podía ordenar. Sentía enojo, frustración, tristeza, desánimo e impotencia. Esa sensación de querer hacer algo para cambiar las circunstancias, pero no encontrar qué hacer. Querer resolverlo todo y descubrir, una vez más, que hay situaciones que simplemente no están bajo nuestro control.

Y mientras miraba todo lo que estaba sucediendo, Dios me hizo recordar algo.

No estoy sola.

Él sigue allí.

No se fue.

No dejó de escucharme.

No dejó de trabajar.

La que había dejado de mirar era yo.

Había puesto mis ojos en el problema, en las circunstancias, en las palabras, en lo que estaba sucediendo alrededor de mi familia. Había permitido que todo aquello ocupara tanto espacio en mi mente que, sin darme cuenta, dejé de mirar a Aquel que siempre había estado conmigo.

Y entonces entendí que quizás el problema no era solamente lo que estaba viviendo, sino el lugar desde donde lo estaba mirando.

Cuando nuestros ojos están puestos únicamente en la prueba, la prueba parece gigantesca.

Cuando nuestros ojos vuelven a Dios, comenzamos a recordar que Él sigue siendo mucho más grande que aquello que estamos enfrentando.

La Biblia dice:

«“Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará.”
Salmos 37:5»

Qué difícil es confiar cuando no entendemos lo que está pasando.

Qué difícil es descansar cuando queremos respuestas.

Qué difícil es reposar cuando nuestro corazón quiere luchar por cambiar cada circunstancia.

Pero quizá precisamente ahí está el aprendizaje que Dios quiere producir en nosotros.

Estamos en el año del Deleite, y debo admitir que algunos días me he preguntado cómo puedo hablar de deleite cuando estoy atravesando momentos que me han hecho llorar, enojarme, sentirme frustrada y hasta preguntarme qué sigue después de todo esto.

Pero hoy creo que estoy comenzando a entenderlo.

El deleite no significa que no habrá problemas.

El deleite no significa que todo saldrá como nosotros queremos.

El deleite tampoco significa vivir una vida sin pruebas.

Quizás el verdadero deleite está en aprender a descansar en Dios aun cuando no entendemos el proceso.

En confiar en que Él está haciendo algo aunque todavía no podamos verlo.

En creer que existe un propósito detrás de aquello que hoy nos duele.

Porque cuando aprendemos a confiar y reposar en Él, nuestra mirada comienza a cambiar.

Dejamos de visualizar únicamente el problema y comenzamos a visualizar la dimensión hacia la que Dios quiere llevarnos.

Y eso cambia todo.

Tal vez hoy tú también estás atravesando una temporada que te está sacudiendo. Tal vez sientes que has retrocedido, que has perdido fuerzas o que las circunstancias han conseguido robarte la paz.

Quiero recordarte algo que hoy Dios me recordó a mí:

No estás sola. Él sigue allí.

Aunque no lo veas, Él está obrando.

Aunque no entiendas, Él sigue teniendo el control.

Aunque hoy llores, tu historia todavía está siendo escrita.

Y aunque sientas que has retrocedido kilómetros, Dios puede utilizar incluso este proceso para llevarte mucho más lejos de lo que imaginabas.

Hoy quiero volver a mirar a Dios.

No porque los problemas hayan desaparecido.

Sino porque finalmente recordé que mi problema nunca fue más grande que mi Dios.

Y quizás ese sea precisamente el deleite que Él quiere enseñarme en esta temporada: no deleitarme solamente en lo que Él puede hacer por mí, sino aprender a deleitarme en quién Él es, aun cuando todavía no puedo ver lo que está haciendo.

Así que hoy decido descansar.

Decido confiar.

Decido volver mis ojos hacia Él.

Y aunque todavía haya lágrimas, incertidumbre y preguntas, también hay algo que permanece intacto:

Dios sigue siendo Dios.

Y eso me basta para continuar.

07/08/2026

Servir en la alabanza durante la Visita Apostólica del Año del Deleite ha sido un privilegio y una muestra más de la fidelidad de Dios. 💙 Cada canto fue una ofrenda de amor y adoración, recordando que fuimos creados para exaltar Su nombre. ¡Toda la gloria sea para Él! 🙌✨

20/07/2026

•Nota de duelo•
::: ¡Hasta pronto, hna. Francisquita! :::
Elevamos una oración por la familia de nuestra amada Hna. Francisquita, quien en vida nos lleno de mucho amor y convicción de vivir para servirle a Dios.
¡Que Dios los llene de mucha paz y fuerza!

Hasta pronto: cuando el amor aprende a soltar“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sab...
17/07/2026

Hasta pronto: cuando el amor aprende a soltar

“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.”
Salmos 90:12

Hay silencios que hablan más que mil palabras.

Hace ya varios días que no escribía en este espacio. No era falta de inspiración; simplemente mi corazón ha estado ocupado viviendo uno de esos capítulos que nadie quisiera escribir.

Mi abuelita atraviesa un proceso de salud muy delicado. Los médicos fueron claros: probablemente estos serían sus últimos días. Después de permanecer hospitalizada, nos recomendaron llevarla a casa para que pudiera pasar sus últimos momentos rodeada del amor de su familia.

Desde entonces, ella permanece en cama.

Han sido días largos, emocionalmente agotadores. Mi madre y mis tíos han dedicado cada hora a cuidarla con un amor admirable. Cada medicamento, cada comida, cada desvelo y cada caricia son una forma silenciosa de decirle: “Te amamos y estamos contigo.”

Y mientras la veía descansar, entendí algo que muchas veces olvidamos.

La vida cambia en un instante

Todavía puedo recordar el domingo anterior a que todo ocurriera.

Como cada domingo, la llevamos a la iglesia. Después compartimos el almuerzo en familia. Reímos, conversamos, disfrutamos de su compañía… sin imaginar que solo unos días después todo cambiaría.

El miércoles de esa misma semana su estado de salud se agravó.

Así de frágil es la vida.

Creemos que siempre habrá otro domingo, otra llamada, otra visita, otro abrazo… pero la realidad es que ninguno de nosotros tiene garantizado el mañana.

La Biblia lo expresa con una claridad impresionante:

“No sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.”
Santiago 4:14

No es un mensaje para vivir con miedo, sino para vivir con intención.

Ama hoy.

Perdona hoy.

Abraza hoy.

Llama hoy.

Agradece hoy.

Porque el tiempo es un regalo que nunca vuelve.

También aprendimos a orar diferente

Durante estos días nuestras oraciones cambiaron.

Al principio pedíamos un milagro.

Después comprendimos que el mayor acto de amor también podía ser aprender a soltar.

Con lágrimas le dijimos al Señor:

“Padre, si ya es su tiempo, recíbela en tus brazos. Ya no queremos verla sufrir.”

No fue una oración de resignación.

Fue una oración de confianza.

Porque entendimos que amar también significa dejar que Dios haga lo mejor, aunque nuestro corazón quisiera retener para siempre a quien ama.

Para el creyente no existe un adiós definitivo

Es imposible decir que no duele.

Claro que duele.

Extrañaremos su voz, sus consejos, sus abrazos, sus ocurrencias y cada recuerdo construido a lo largo de tantos años.

Pero nuestra esperanza no termina donde termina esta vida.

Jesús hizo una promesa que sostiene nuestro corazón:

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí… Voy, pues, a preparar lugar para vosotros… para que donde yo estoy, vosotros también estéis.”
Juan 14:1-3

Y el apóstol Pablo escribió:

“No queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.”
1 Tesalonicenses 4:13

Lloramos, sí.

Pero lloramos con esperanza.

Porque sabemos que, para quienes pertenecemos a Cristo, la muerte no tiene la última palabra.

No es un adiós eterno.

Es un hasta pronto.

Aprovecha a quienes aún puedes abrazar

Después de vivir estos días, solo puedo decirte esto:

No esperes una cama de hospital para decir “te amo”.

No esperes un diagnóstico para visitar a tus padres o a tus abuelos.

No esperes un funeral para recordar cuánto significaba alguien para ti.

Hazlo hoy.

La vida es demasiado breve para postergar el amor.

Si hoy tienes el privilegio de abrazar a quienes amas, hazlo fuerte.

Escucha sus historias.

Ríe con ellos.

Ora con ellos.

Atesora esos momentos, porque un día descubrirás que los recuerdos son algunos de los regalos más valiosos que Dios nos deja.

Una oración desde mi corazón

Señor, gracias por el regalo de la familia.

Gracias por cada recuerdo que nos permites guardar en el corazón.

Enséñanos a valorar el tiempo, a amar sin reservas y a vivir conscientes de que cada día es un regalo tuyo.

Y cuando llegue el momento de despedir a quienes amamos, recuérdanos que, en Cristo, la despedida nunca es definitiva.

Porque un día, por tu gracia, volveremos a encontrarnos.

Amén.

“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.”
Filipenses 1:21

02/07/2026

🌻 Los tropiezos no cancelan el propósito de Dios.

“Aunque caiga, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano.”
— Salmos 37:24

Las caricias invisibles de Dios“Porque el amor de Dios no solo se manifiesta en los grandes milagros, sino también en lo...
27/06/2026

Las caricias invisibles de Dios

“Porque el amor de Dios no solo se manifiesta en los grandes milagros, sino también en los detalles que parecen pasar desapercibidos.”

Hay semanas que dejan huellas imborrables en el corazón. No porque todo haya sido perfecto, sino porque Dios decide hacerse tan evidente que resulta imposible no reconocer Su amor.
Esta fue una de esas semanas.
Mientras impartía una capacitación a un grupo de jóvenes de nuevo ingreso, la conversación tomó un rumbo que nadie había planeado. De pronto estábamos hablando de los milagros de Dios, de cómo Él puede cambiar un diagnóstico de muerte por una oportunidad de vida, de Su poder para escribir un final diferente cuando todo parecía perdido.
Pero el milagro no solo estaba en aquello de lo que hablábamos.
En medio de aquella conversación comenzaron a surgir palabras sobre mi labor como capacitadora. Comentarios sinceros, inesperados y profundamente significativos. Cada uno de ellos fue como una suave voz del cielo recordándome que el propósito que Dios puso en mi vida sigue vigente.
A veces uno continúa sirviendo sin darse cuenta del impacto que deja en los demás. Y entonces Dios permite que alguien abra su boca para decir exactamente lo que nuestro corazón necesitaba escuchar.

Al inicio de la semana ocurrió algo similar.
Una amada sierva de Dios se acercó a mí con una palabra que jamás olvidaré. Me recordó que mi voz era única, que mi canto agradaba al Señor y que no debía permitir que nada ni nadie apagara el brillo que Él mismo había depositado en mí.
No eran simples elogios.
Era Dios hablándome con la ternura de un Padre que conoce las luchas silenciosas de Sus hijos. Era Él restaurando áreas que quizás yo misma no había notado que necesitaban ser fortalecidas.

Y cuando pensé que la semana ya estaba completa, Dios volvió a sorprenderme.
Salí apresurada porque necesitaba comprar algo específico. Iba concentrada en mi tarea cuando, inesperadamente, me encontré con una persona que, sin saber lo que yo buscaba, puso justamente aquello en mis manos.

Sonreí. Porque entendí que para Dios no existen los detalles pequeños.
Él está presente tanto en las grandes respuestas como en esas escenas cotidianas que podrían parecer casualidad para cualquiera, pero que para un hijo suyo son evidencias de Su cuidado.

Podría seguir enumerando muchas otras cosas que Él hace por mí y por mi familia. Algunas son visibles; otras ocurren en el silencio. Pero todas tienen el mismo mensaje: Dios cuida de nosotros.

Con frecuencia esperamos que Dios se manifieste únicamente mediante grandes milagros. Sin embargo, muchas veces Él nos abraza a través de una conversación inesperada, una palabra que restaura el alma, una puerta que se abre en el momento preciso o una provisión que llega exactamente cuando la necesitamos.
El amor de Dios también se expresa en esos pequeños detalles que parecen insignificantes, pero que transforman por completo nuestro día.

Hoy cierro esta semana con un corazón profundamente agradecido.
No me queda la menor duda de que Dios sigue hablándonos, guiándonos y recordándonos cuánto nos ama. Él continúa afirmando nuestro propósito, fortaleciendo nuestros dones y demostrando que nunca deja solos a quienes confían en Él.

Quizá el mayor milagro no siempre sea el que cambia nuestras circunstancias, sino el que nos permite descubrir, una vez más, que caminamos de la mano de un Padre que está atento hasta al más mínimo detalle de nuestra vida.

❤️
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🌼

Hay llamados que no nacen de una decisión humana, sino del corazón de Dios. Algunos fuimos alcanzados por Su gracia desd...
22/06/2026

Hay llamados que no nacen de una decisión humana, sino del corazón de Dios. Algunos fuimos alcanzados por Su gracia desde muy corta edad, y aun sin comprenderlo, Su mano ya guiaba nuestros pasos. Él nos apartó para servirle, sembró en nosotros el amor por Su presencia y nos sostuvo en cada etapa de la vida. No fue casualidad ni coincidencia; fue parte de un propósito eterno. Y aunque el camino haya tenido pruebas y desiertos, Su llamado permanece firme, porque aquel que predestina también capacita, guarda y cumple en nosotros la obra que comenzó.

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo.” — Romanos 8:29

✨ Antes de conocer nuestro nombre, Dios ya conocía nuestro propósito.

Desde niña Dios sembró en tu corazón una pasión que con los años se convirtió en llamado
Aquella pequeña voz que un día cantaba con amor e inocencia, hoy se levanta con propósito para adorar al Rey de reyes
Has caminado entre aprendizajes, pruebas, lágrimas y momentos difíciles, pero nunca soltaste la mano de Aquel que te llamó.
Tu voz no solo entona canciones, lleva una historia de fe, entrega y amor por Dios. Que cada nota que salga de ti siga siendo una ofrenda hermosa para Él 🤍🎤✨”

La respuesta ya está en caminoHay temporadas en las que el corazón se llena de preguntas y la mente busca respuestas que...
21/06/2026

La respuesta ya está en camino

Hay temporadas en las que el corazón se llena de preguntas y la mente busca respuestas que parecen no llegar. Hace poco viví una de esas experiencias. Algo sucedió que me causó una profunda tristeza y una gran decepción. Humanamente, no lograba comprender por qué las cosas tenían que ser así. En mi lógica, yo tenía la razón y esperaba que todo ocurriera como lo había imaginado.

Sin darme cuenta, estaba tan concentrada en mis pensamientos y en mis propias expectativas, que olvidé que los planes de Dios son más altos que los nuestros. Quería entender el porqué, cuando Dios me estaba invitando a confiar en el para qué.

Y entonces, en medio de mi dolor, el Señor volvió a hablar.

No lo hizo una sola vez, sino tres veces diferentes, como un Padre amoroso que conoce las dudas de sus hijos y se acerca para afirmar aquello que la tristeza intenta debilitar. Me recordó que me ama. Me recordó que soy su hija. Me recordó que fui creada de manera única y especial, y que mi valor no depende de las circunstancias ni de la aprobación de nadie, sino de lo que Él ha dicho acerca de mí.

Comprendí que aunque hoy no pueda ver con claridad todo lo que Dios está haciendo, su respuesta ya está en camino. Tal vez el proceso no tenga sentido para mi mente, pero sí tiene propósito en sus manos.

La fe no consiste en entenderlo todo, sino en descansar en Aquel que lo sabe todo.

Volví de ese encuentro con mi corazón fortalecido y lleno de esperanza. Entendí que no puedo permitir que la tristeza me robe la visión, ni que la decepción me haga abandonar el camino. Hay una meta más grande delante de mí. Mi anhelo no es detenerme en las circunstancias temporales, sino perseverar hasta llegar al blanco perfecto: Cristo.

Y por eso hoy puedo decir con convicción:

No voy a desmayar.

No voy a detenerme.

No permitiré que las pruebas definan mi destino.

Seguiré avanzando con fe, porque sé quién me llamó, y sé que Aquel que comenzó la buena obra en mí será fiel en perfeccionarla.

Mi esperanza no está en lo que veo, sino en Aquel que prometió estar conmigo todos los días.

Y mientras Él siga caminando a mi lado, nada podrá detenerme.

“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…” (Hebreos 12:2).

Porque al final, la meta no es simplemente llegar, sino llegar de su mano y convertirme en la novia preparada para mi amado Cristo.

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