05/09/2026
Cuando el corazón se siente lejos de Dios
Iba camino a mi trabajo, cansada después de una semana agotadora, cargada de estrés y con el corazón un poco abrumado. Mientras avanzaba, comenzaron a llegar pensamientos de desánimo, frustración y tristeza. Pensaba en aquello que Dios me ha llamado a hacer y en lo lejos que sentía estar de ese propósito.
Quizás mi caminar reflejaba exactamente lo que estaba pasando dentro de mí: la mirada hacia el suelo, los hombros caídos y el ánimo decaído.
Pero, en medio de aquellos pensamientos, algo en mi interior —ese suave susurro del Espíritu Santo que muchas veces ignoramos en medio del ruido— me recordó algo que necesitaba escuchar:
¡No tienes por qué sentirte así!
Soy hija de Dios.
Y mi relación con Él no depende de estar sobre una tarima, de tener un lugar dentro de una iglesia o de estar haciendo exactamente aquello que alguna vez imaginé que haría para Él. Mi relación con Dios depende de mi corazón y de mi decisión diaria de buscarlo.
Cada día tengo que levantarme con el deseo de estar más cerca de Él, de conocerlo más, de agradarle y de permanecer en su presencia.
¿Y cómo puedo hacerlo?
Orando.
Leyendo Su Palabra.
Adorándolo.
Cantándole.
Quizás por ahora no esté cantando desde una tarima de una iglesia, pero Dios me ha dado una voz, y mientras tenga voz, puedo cantarle. Puedo adorarlo desde mi habitación, desde mi casa, mientras voy camino al trabajo o incluso en medio de un día difícil.
Porque la adoración no comienza en una plataforma; comienza en el corazón.
«“Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón;
y salva a los contritos de espíritu.”
Salmos 34:18»
Y quizás eso era exactamente lo que necesitaba recordar: Dios no se ha alejado de mí. Él sigue ahí. Aun cuando yo no pueda verlo claramente, aun cuando sienta que me he detenido, aun cuando mis circunstancias me hagan pensar que estoy lejos de Su propósito.
Él sigue siendo Dios.
Por eso, no permitas que las diferentes situaciones que estás atravesando te superen. No permitas que el cansancio, la frustración, las puertas que no se abren o las respuestas que parecen tardar te hagan olvidar las promesas que Dios te ha hecho.
Sigue confiando.
Sigue creyendo.
Sigue orando.
Sigue buscando.
Porque quizá la respuesta tarde un poco más de lo que esperabas, pero eso no significa que Dios se haya olvidado de ti.
«“Porque la visión aún por un tiempo,
mas se apresura hacia el fin, y no mentirá;
aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá,
no tardará.”
Habacuc 2:3»
Hay procesos que no entendemos mientras los estamos viviendo. Hay temporadas en las que sentimos que no estamos avanzando, cuando en realidad Dios está trabajando en lugares que nuestros ojos todavía no pueden ver.
No confundas silencio con ausencia.
Dios sigue obrando.
Y mientras esperas, adóralo.
Mientras esperas, búscalo.
Mientras esperas, confía.
Mientras esperas, sigue caminando.
«“Fíate de Jehová de todo tu corazón,
y no te apoyes en tu propia prudencia.
Reconócelo en todos tus caminos,
y él enderezará tus veredas.”
Proverbios 3:5-6»
Hoy quiero recordármelo a mí misma, pero también a quien pueda estar leyendo estas palabras:
No estás lejos de Dios.
Tal vez estás cansado. Tal vez estás confundido. Tal vez estás atravesando una temporada que no entiendes. Tal vez sientes que te has apartado de aquello que Dios puso en tu corazón.
Pero vuelve a Él.
No necesitas esperar a sentirte bien para buscarlo.
No necesitas tener todo resuelto para orar.
No necesitas estar en el lugar perfecto para adorarlo.
Simplemente vuelve tu corazón hacia Él.
Porque cuando todo parece incierto, todavía podemos aferrarnos a una certeza:
«“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios.”
Salmos 46:10»
Y al final, cuando llegue aquello por lo que tanto has orado, podrás mirar hacia atrás y comprender que incluso en los días en que caminabas con la mirada hacia el suelo, Dios seguía caminando contigo.
Así que levanta la mirada.
Respira.
Confía.
Y sigue caminando.
Lo que Dios prometió, Él lo cumplirá. 🤍✨