19/08/2026
San Francisco de Asís y su devoción a San Miguel Arcángel
San Francisco de Asís fue un santo que en su vida mortal procuró nutrir mucho su alma, para no enfriar su amor por Jesús, un espíritu de oración y de penitencia. Tal era su amor que realizaba tres “cuaresmas” por año, además de algunos otros períodos de ayuno y oración en honor a la Madre de Dios por la cual tenía un dulce y especial amor.
Fue especialmente devoto del Arcángel San Miguel y decía a menudo que este debía ser especialmente honrado porque su deber es presentar las almas a Dios. Agregaba: “Cada persona debe ofrecer a Dios algún elogio especial o un regalo en honor del príncipe tan grande”.
La devoción a este glorioso Príncipe de la milicia celestial fue una de las favoritas del Seráfico Padre, quien le invocaba frecuentemente.
Ayunaba durante cuarenta días desde la Solemnidad de la Asunción (15 de agosto) hasta la fiesta de de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, el 29 de septiembre.
Fue de un modo muy especial que en la cuaresma de San Miguel, Dios concedió a San Francisco gracias abundantes entre ellas la de marcarlo en su cuerpo, por el profundo deseo de imitar a su Hijo Jesús, con las señales de su Pasión.
Todas las “cuaresmas” eran realizadas en el Monte Alvernia. Alvernia: verna, viene de “vernare” verbo utilizado por Dante y que significa “hacer frío”, helar.
San Buenaventura dice en la “Leyenda Mayor”, en su capítulo 9, párrafo 3 dos escritos biográficos de San Francisco: “un vínculo de amor indisoluble uníalo a los ángeles cuyo maravilloso ardor lo ponía en éxtasis delante de Dios e inflamaba las almas de los elegidos”.
Por devoción a los ángeles, celebraba una cuaresma de penitencia y oración durante los cuarenta días que siguen a la Asunción de la Santísima Virgen María. San Miguel, sobretodo, a quien cabe el papel de introducir las almas en el Paraíso, era objeto de devoción especial en razón del deseo que tenía el santo de salvar a todos los hombres.
Era de conocimiento de Francisco la autoridad y el auxilio que el Arcángel Miguel ejercía para salvar las almas en el último instante de vida y el poder de ir a retirarlas del purgatorio* Ese era el principal motivo por el cual Francisco realizaba su cuaresma y esto nos es relatado en la leyenda Terusina en el Nº 93 de su biografía donde el Santo dice en el año 1224, año en que recibió los estigmas, “Para honra de Dios, de la bienaventurada Virgen María y de San Miguel, príncipe de los ángeles y de las almas, quiero hacer aquí –en el monte Alvernia-, una cuaresma”.
Fue en 1224 en que San Francisco realizó su primera cuaresma en honra de San Miguel Arcángel. Fue también en esta primera cuaresma en que Francisco recibió y sintió la mayor abundancia de gracias divinas, siendo transportado hasta Dios en un fuego de amor seráfico, y transformado por una profunda compasión en Aquel que, en su extremo de Amor, quiso ser crucificado.
Aproximándose la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, cuando él vio descender de lo alto del cielo, un Serafín de seis alas flameantes, el cual, en rápido vuelo, llego cerca del lugar donde Francisco estaba. Esta aparición dejo a Francisco hundido en un profundo éxtasis, y en su alma se mezclaba la alegría y la tristeza, una alegría desbordante al contemplar a Cristo que se le manifestaba de una manera milagrosa y familiar, pero al mismo tiempo de un dolor inmenso, pues la visión de la cruz traspasaba su alma como una espada de dolor y de compasión*
Francisco comprendió entonces que no era el martirio del cuerpo, sino el amor y el incendio del alma lo que debería transformarlo a semejanza de Cristo Crucificado.
Después de aquella conversación familiar, que nunca fue revelada a los otros, desapareció la visión dejándole el corazón inflamado de ardor e imprimiéndole en la carne a semejanza externa del crucificado, una marca. Luego empezarían a aparecer en sus manos y sus pies las marcas de los clavos.
Cuando el verdadero amor transformó al amigo de Cristo en semejanza de Aquel que el amaba, terminado los cuarentas días en el monte y en la soledad, llegó la fiesta de San Miguel, y Francisco, hombre del Evangelio, descendió del monte, trayendo la imagen del crucificado, no esculpida en piedra o madera por la mano de algún artista, sino reproducida en su propia carne por el dedo del Dios Vivo.
San Francisco, para no igualarse a Jesús que quedó 40 días y 40 noches en ayuno total, come al final de estos días un pedazo de pan y bebe agua, porque se encontraba indigno de ser igual a Jesús.
La Cuaresma de San Miguel Arcángel
¿Qué hacer? ¿Cómo hacerla?
Para preparar está Cuaresma es necesario:
- Providenciar un altar para San Miguel con una Imagen o estampa
- Encender una Vela
- Ofrecer una penitencia única, que debe perdurar durante toda la Cuaresma
- Hacer la señal de la Cruz
- Todos los días: Rezar la oración inicial y las letanías a San Miguel Arcángel
A continuación, se les plantean ciertas Plegarias Devocionales, que pueden usar durante esta cuaresma, complementándolas con alguna otra acción pía, en honor del Príncipe de la Milicia Celestial.
Oración inicial a San Miguel Arcángel para todos los días (del Papa León XIII, Franciscano Seglar)
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y las asechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre el su poder, es nuestra humilde suplica, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha concedido, arroja al in****no a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.
Sacratísimo corazón de Jesús, ten piedad de nosotros (3 veces)
Letanías a San Miguel Arcángel
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Santa María, Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.
San Miguel, ruega por nosotros.
San Miguel, lleno de la gracia de Dios, ruega por nosotros.
San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino, ruega por nosotros.
San Miguel, coronado de honor y de gloria, ruega por nosotros.
San Miguel, poderosísimo príncipe de los ejércitos del Señor, ruega por nosotros.
San Miguel, portaestandarte de la Santísima Trinidad, ruega por nosotros.
San Miguel, guía y consolador del pueblo Israelita, ruega por nosotros.
San Miguel, esplendor y fortaleza de la Iglesia militante, ruega por nosotros.
San Miguel, honor y alegría de la Iglesia triunfante, ruega por nosotros.
San Miguel, luz de los Ángeles, ruega por nosotros.
San Miguel, baluarte de la verdadera fe, ruega por nosotros.
San Miguel, fuerza de los que combaten por el estandarte de la cruz, ruega por nosotros.
San Miguel, luz y confianza de las almas en el último momento de vida, ruega por nosotros.
San Miguel, socorro seguro, ruega por nosotros.
San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades, ruega por nosotros.
San Miguel, mensajero de la sentencia eterna, ruega por nosotros.
San Miguel, consolador de las almas que están en el purgatorio, ruega por nosotros.
San Miguel, a quien el Señor encomendó recibir las almas después de la muerte, ruega por nosotros.
San Miguel, príncipe nuestro, ruega por nosotros.
San Miguel, abogado nuestro, ruega por nosotros.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, óyenos Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo; para que seamos dignos de alcanzar sus promesas. Amén.
Oremos: Señor Jesucristo, santifícanos siempre con una bendición nueva y concédenos, por la intercesión de San Miguel, la sabiduría que nos enseña a juntar riquezas en el cielo y a cambiar los bienes temporales por los de la eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Al final se reza:
Un Padre Nuestro en honor de San Gabriel
Un Padre Nuestro en honor de San Miguel
Un Padre Nuestro en honor de San Rafael
Un Padre Nuestro en honor de nuestro Ángel de la Guarda
Gloriosísimo San Miguel, jefe y príncipe de los ejércitos celestes, fiel guardián de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, familiar de la casa de Dios, nuestro admirable guía después de Cristo. Tú, cuya excelencia y virtudes son eminentísimas, dignate librar de todos los males, a todos nosotros que recurrimos a Ti con confianza y haz que por tu incomparable protección, seamos dignos cada día más en servir con fidelidad a Dios.
V. Ruega por nosotros oh bienaventurado San Miguel, príncipe de la Iglesia de Cristo
R. Para que seamos dignos de sus promesas.
Oración: Dios, todopoderoso y eterno que por un prodigio de bondad y misericordia para la salvación de los hombres, escogiste como príncipe de Vuestra Iglesia al gloriosísimo Arcangel San Miguel, hacednos dignos, vos lo pedimos, de que seamos preservados de todos nuestros enemigos a fin de que en la hora de nuestra muerte ninguno de ellos nos pueda inquietar, pero que se nos conceda introducirnos por él en la presencia de Vuestra poderosa y agusta Majestad, por los merecimientos de Jesucristo, Nuestro Señor.
Oración a San Miguel Arcángel
¡Príncipe glorioso de los Ángeles y amado protector mío! Te invoco con todo el afecto de mi corazón y me acojo bajo tu celestial amparo. Bien sabes cuan duros son los combates de la vida, el odio y las insidias de Satanás…Como un día le humillaste en el cielo, humíllale nuevamente, y en particular, en los últimos momentos de mi vida, para que yo, trofeo tuyo, pueda bendecir eternamente a Dios en el cielo. Amén.
“¡San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha, para que no perezcamos en el tremendo juicio!”
Consagración a San Miguel Arcángel
Oh, príncipe nobilísimo de los ángeles, valeroso guerrero del Altísimo, celoso defensor de la Gloria del Señor, terror de los espíritus rebeldes, amor y delicia de todos los ángeles justos, mi querido San Miguel Arcángel, deseando ser parte del número de tus devotos y siervos, a ti hoy me consagro, me dono y me ofrezco y me pongo a mí mismo, a mi familia y todo lo que me pertenece debajo de tu poderosísima protección.
Es pequeña la ofrenda de mi servicio, siendo como soy un pobre y miserable pecador, pero tú engrandecerás el afecto de mi corazón, recuerda que de hoy en adelante estoy debajo de tu sustento y debes asistirme en toda mi vida y alcanzarme el perdón de mis muchos y graves pecados, la gracia de amar a Dios con todo mi corazón, a mi querido Salvador Jesucristo y a mi dulce Madre María Santísima. Concédeme los auxilios que son necesarios para obtener la corona de la eterna gloria.
Defiéndeme de los enemigos del alma, especialmente en la hora de la muerte.; dignaos escuchar benigna las súplicas que humildemente te dirigimos; envía las santas legiones para que, bajo vuestras ordenes, combatan a los demonios, donde quiera repriman su audacia y los persigan hasta precipitarlos al abismo.
San Miguel Arcángel, defiéndenos en el combate para que no perezcamos en el juicio supremo. Amén.
Oración a María Reina de los Ángeles
¡Oh augusta reina de los Cielos y Señora de los Ángeles!
¿Quién como Dios? Santos Ángeles y Arcángeles, defendednos y guardadnos. ¡Oh buena y tierna Madre! Vos seréis siempre nuestro amor y nuestra esperanza. ¡Oh divina Madre! Enviad los Santos Ángeles para defendernos y rechazar lejos al demonio, nuestro mortal enemigo. Amén.
¡Pax et bonum!