18/10/2026
Cuando sientes que la vida solo se siente plena y con sentido en pareja, hay una explicación.
Solo te permites descansar cuando estás en un vínculo estrecho con alguien.
Si no hay pareja, te pasas las horas:
Preocupada por el futuro.
Planeando el próximo viaje, el próximo plan, la próxima comida, el próximo curso al que te vas a apuntar, la próxima chaqueta que te vas a comprar.
Buscando pareja: en apps, entrando, saliendo, teniendo conversaciones para saber si «es la persona».
Trabajando o buscando más trabajo y proyectos.
Eso no es vivir. Es sobrevivir. Estás en el futuro, en la anticipación, en la ansiedad de planificar una vida mejor.
Por eso no desconectas, ni descansas, ni te dejas caer, ni te sientes sostenida por la vida.
Porque para ti, tu vida no ha empezado. Estás de forma provisional, de paso, «mientras tanto». Toda tu energía está enfocada en ocupar tu tiempo y sobre-hacer, porque la nada la sientes dolorosa.
Repito: no vives, sobrevives. Como si necesitaras conseguir algo mejor o evitar algo terrible.
Luego, aparece alguien y de repente te vuelves adicta a ese estar con esa persona. ¿Por qué? Porque en su presencia, por fin, estás viviendo. Estás en el momento presente: ya no hay nada que hacer. ¡Eureka!
Por eso sientes tanta devoción por ese vínculo (y no necesariamente es amor). Porque por ti misma no sabes descansar en la vida. Estar presente. Sin buscar, sin planear, sin ansiar algo mejor que llegará más tarde.
Y por eso, tal vez, ni siquiera puedas concentrarte viendo una película sola. Porque en tu fuero interno hay una vivencia de peligro. Como una guerra.
Pero en brazos de ese alguien, sí puedes.
¿Qué hacer? Aprender a habitar tu vida y a autorregularte tú sola. Para que tener pareja siga siendo un deseo precioso, pero no la única vía que tiene tu cuerpo para poder descansar. Y así, cuando aparezca alguien, ese vínculo venga a sumarse a todo el bienestar que tú ya sabes darte.
¿Te ayudamos a lograrlo?
Con amor,
MIA I Psicoterapia de especialización en heridas de apego