28/04/2026
Será que ahora sí o seguirá el Tribunal permitiendo toda insolencia de este Argentino, que ya tiene expediente este torneo por agredir a un jugador de Puntarenas en la fecha 1. Lo de Mariano Torres ya no puede tratarse como una simple calentura al calor del partido. Lo ocurrido el pasado domingo 26 contra el comisario de Unafut, donde en una altera discusión y el manotazo que le da en la mano donde tenía el celular dicho funcionario.
Hay antecedentes suficientes para entender que no estamos ante un episodio aislado, sino ante una conducta que el fútbol nacional ha venido tolerando con demasiada comodidad, es una falencia a lo que está en el reglamento, entonces para que están o para que sirven, solo para unos cuantos, mientras otros se ríen y salen absueltos.
Aquí no hace falta repasar cada momento. Ya está documentado. Ha habido acciones contra adversarios donde los ha tratado de hasta mu**to de hambre, reclamos airados contra arbitros, expulsiones mal manejadas, gestos fuera de lugar y episodios donde el reglamento terminó sediendo ante un jugador que hasta el día de hoy se ha creído un Dios tanto dentro como fuera de la cancha donde su arrogancia es su predominante. En oportunidades no estaba en el informe. En otras ocasiones no se pudo comprobar. A veces faltó falto más documentación , una firma o una excusa mejor presentada. Y así, de perdón en perdón, se ha construido la presencia de este "profesional del futbol" .
Lo de este domingo debería marcar un presedente como si ha ocurrido como ex jugadores tales el caso de Ronald Marín u José Alexis Rojas que por un informe como pruebas un video. Al tocar, golpear o interferir con un referí fueron sancionados aplicando bien el reglamento y lo hecho por Mariano este domingo donde golpea el celular de un comisario en plena situación delicada, no es meritoria de una sanción, no se entonces ya no hay cuándo. Porque si el reglamento solo sirve cuando el protagonista no pesa, no incomoda al campeonato o no viste la camiseta del equipo más veces campeón como dicen que eso pesa, mejor que lo digan de frente y nos ahorramos una vez más un episodio de la comedia disciplinaria.
La situación más clara no se puede reflejar y es que el panorama ya empieza a verse tan claro como las aguas de rio celeste, el cual se refleja un horizonte de un color morado y blanco camino al campeonato, con decisiones que podrían terminar favoreciendo el relato de siempre. Saprissa compite, gana, pesa y presiona. Eso es parte del fútbol. Lo que no puede pasar es que además se le permita caminar por zonas donde otros clubes serían castigados sin tanta vuelta.
Mariano Torres puede ser figura, capitán e ídolo. Nadie le está quitando su trayectoria. Pero ninguna carrera deportiva pone a un jugador por encima del reglamento. Si esta vez tampoco pasa nada, el mensaje será brutalmente sencillo: en Costa Rica no todos juegan con las mismas reglas. Algunos reciben tarjetas. Otros reciben interpretaciones.
Y cuando el campeonato llega a esas aguas, ya no se discute solo una sanción. Se discute la credibilidad del torneo.
El reglamento en sus artículo 40 es más claro que las mismas del río celeste, Se sancionará con suspensión de doce partidos y una multa de dos millones de colones a quien, por participar en una agresión, pelea o riña, golpee de cualquier manera o con cualquier parte del cuerpo; así como por zancadillear, cabecear, patear, codear, empujar, morder, rasguñar o lanzar objetos contra un oficial de partido.
Esto incluye al árbitro, los árbitros asistentes, el cuarto árbitro, el comisario de partido, el inspector de árbitros y el responsable de seguridad, así como a otras personas delegadas por los clubes afiliados, la UNAFUT o la FCRF para asumir responsabilidades en relación con el partido, aun cuando no se produzca lesión.
Para la aplicación de este artículo, el Tribunal podrá respaldar sus actuaciones mediante el análisis del video oficial del partido.
Si en su momento los medios de comunicación atacaron y despellejaron a Alejandro Brand, será que para cubrir unas notas si sobra tiempo y para otras hay que dejarlo pasar.
En ambos casos los jugadores deben de dar ejemplos.
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Carlos Izaguirre Molina