02/04/2025
Hoy, después de tanto, he aprendido a escuchar sin dejar que las palabras me definan. Tanto los halagos como las críticas llegan y se van, como el viento que acaricia pero no permanece.
Hoy miro lo que hago y me gusta, me siento orgullosa de mí y miro a veces mi camino hasta llegar hoy aquí.
Una vez me dijeron que no era buena en lo que hacía. Lloré, sí… Porque a veces uno espera aprobación, sobre todo cuando es solo una niña y adolescente.
A los cinco años comencé mi carrera artística y gané premios de pintura y dibujo, solo para escuchar lo que anhelaba. Toda mi vida esperé escuchar algo… algo que validara mi esfuerzo, algo que me hiciera sentir vista. Pero el resultado fué, no eres merecedora de esos premios ni de nada.
A pesar de los mil y un comentarios que intentaron apagar mi luz de muchas personas, seguí adelante. La única que siempre creyó en mí fue mi mamá, con su amor y dulzura, sosteniéndome cuando el camino se volvía pesado, ella y una prima eran las que creían en mí. (Les confieso me costaba creer en mí y a veces dejaba lo que disfrutaba hacer llavandome a estudiar otras cosas, ahí llegué al camino de la espiritualidad)
Entiendo en este momento que es bonito recibir reconocimiento, pero también sé que ni los elogios son el camino ni las críticas son el final. Lo único verdadero es lo que nace desde adentro, esa voz que me susurra cuando todo está en silencio.
Ahora sigo mi creatividad y mi corazón, porque al final, no se trata de complacer a los demás, sino de ser fiel a lo que soy. Y en esa fidelidad, encuentro mi mayor libertad.
Lo más valioso no es la meta, sino el camino. Es lo que creamos, lo que sentimos, lo que aprendemos en el proceso. Lo importante es no dejar de hacer, porque la verdadera frustración no nace del error, sino de haberse detenido por miedo a fallar.