10/04/2025
[La realización sexual] supone que —en el amor, la ternura, la sexualidad— la mujer logre superar su pasividad y establecer con su compañero una relación de reciprocidad. La asimetría del erotismo masculino y femenino creará problemas insolubles mientras haya lucha de s**os; pueden resolverse fácilmente cuando la mujer percibe en el hombre a un tiempo deseo y respeto; si la desea en su carne sin dejar de reconocerle su libertad, se siente esencial en el momento en que se convierte en objeto, sigue siendo libre en la sumisión que acepta. Entonces los amantes pueden conocer cada uno a su manera un placer común; el placer es algo que vive como suyo cada uno de ellos, aunque tiene su fuente en el otro. Las palabras recibir y entregar cambian así de sentido, la alegría es gratitud, el placer ternura. En una forma concreta y carnal se hace realidad el reconocimiento recíproco del yo y del otro en la conciencia más aguda del otro y del yo. Algunas mujeres pretenden experimentar en ellas el s**o masculino como una parte de su propio cuerpo; algunos hombres creen ser la mujer que penetran; estas expresiones son evidentemente inexactas; la dimensión del otro sigue existiendo, pero el hecho es que la alteridad deja de tener un carácter hostil; esta conciencia de la unión de los cuerpos en su separación es lo que da al acto sexual su carácter conmovedor; es así sobre todo en la medida en que los dos seres que juntos niegan y afirman apasionadamente sus límites son semejantes, y sin embargo diferentes. Esta diferencia que tanto los suele alejar, se convierte cuando se acercan en la fuente de fascinación; la mujer contempla en el ardor viril la imagen invertida de la fiebre inmóvil que la consume; la potencia del hombre es el poder que ella ejerce sobre él; este s**o hinchado de vida le pertenece, como su sonrisa, al hombre que le da el placer. Todas las riquezas de la virilidad, de la feminidad se reflejan, remiten unas a otras, componen una unidad extática y movediza. Lo necesario para esta armonía no son refinamientos técnicos, sino más bien, sobre las bases de una atracción erótica inmediata, una generosidad recíproca de cuerpo y alma.
S. de Beauvoir, El segundo s**o.